Un viaje que inspira otro viaje

POR MERITXELL MARGARIT

 

El objetivo del proyecto educativo de El viaje de Unai es muy sencillo: acercarse a la naturaleza. La naturaleza que sea, la que tengamos más cerca; observarla, intentar comprenderla y, sobre todo, disfrutarla. Entonces, el deseo de saber más cosas sobre ella, de querer hacer algo por ella, nace casi instantáneamente.

 

Esa meta, desear proteger realmente la vida salvaje y el medio ambiente, es muy grande y valiosa: que a nuestros niños y niñas de hoy les fascine la naturaleza y quieran hacer algo para preservarla es una garantía de supervivencia para el Planeta.

 

No obstante, no debemos olvidar que todos los pasos que damos cuando caminamos en dirección a aquella meta tan ambiciosa son igualmente valiosos. Vivir en armonía con el mundo natural que nos rodea proporciona muchos beneficios individuales y colectivos. Para empezar, conectar con los animales y los elementos naturales que tenemos cerca conlleva bienestar físico y emocional. También permite practicar acciones, actitudes y valores como la contemplación, el análisis, la interpretación, el discernimiento, la visión crítica, la empatía, la adaptación, la cooperación, etc. Un largo etcétera que, tengamos la edad que tengamos, nos ayuda a crecer.

 

Todo esto parece muy evidente. Sin embargo, a veces no lo es tanto el hecho de que, si queremos, podemos tenerlo al alcance de la mano.

 

La película El viaje de Unai presenta un mundo natural maravilloso, lejano, exótico al que muchos dicen querer viajar algún día. Aun así, después de haber exhibido la película en 22 ciudades de España, la mayoría del público (más de 12.000 espectadores) ha estado de acuerdo en que el mensaje de la película es, principalmente, la forma en la que Unai y su hermana Amaia se acercan a la naturaleza, sin importar si están en Australia, Namibia o Tailandia. 

 

Hay quienes nos han dicho que el filme les ha hecho pensar en las salidas de su infancia al mar o al campo con sus padres. También ha habido niños que nos han hablado de los insectos que pueden ver en el patio de su escuela o de los animales que viven cerca de su casa. Creemos que esto sucede porque, más allá de los elefantes del desierto, los cocodrilos o los cálaos bicornes, los espectadores ven la manera de actuar de unos niños en la naturaleza que creen que también es o puede ser la suya, sin importar el lugar donde se encuentran.

 

Ese es el mensaje. Y es también el método que proponemos para realizar este proyecto de acercamiento a la naturaleza: inspirarse en esa actitud de Unai y Amaia que recoge el documental para salir a buscar las hormigas del patio de la escuela o las fochas del lago que hay cerca de casa.

 

Tenemos un objetivo básico: conocer y disfrutar la naturaleza para aprender a amarla y, luego, desear protegerla, quedándonos con todos los beneficios que obtenemos por el camino. El método es sencillo: hacerlo allí donde nos encontremos, a nuestra manera.

 

Después de ver y disfrutar la película, proponemos que las clases de primaria y secundaria se pregunten: ¿y nosotros qué queremos hacer? ¿Qué porción de naturaleza a nuestro alcance queremos observar? ¿Qué aprendemos y de qué disfrutamos por el camino?

 

Estas preguntas son la base de un proyecto educativo que invita a la reflexión, al diálogo y a la investigación de nuestro entorno más próximo. Un proyecto que propone observar de forma diferente la naturaleza que nos rodea. ¿Queréis hacer la prueba por vosotros mismos y compartir vuestros resultados con los demás? Estáis todos invitados a participar en El viaje de Unai – Learning in the Wild.